Esta obra en un comienzo quiso llamarse “Cada nueve días”, cada nueve días muere en Uruguay una mujer víctima de violencia doméstica, lamentablemente es un enunciado muy escuchado, aunque contradictoriamente no lo suficiente.
Si nos preguntamos todos conocemos por lo menos un caso en que una persona, generalmente mujer –no siempre- sufre violencia doméstica; a qué nos referimos con este término.
El concepto de violencia doméstica refiere a los actos cometidos por una persona, en el espacio donde se desarrollan relaciones afectivas, que a nivel físico, sexual, psicológico o relacional, son realizados para ejercer poder, control y autoridad sobre otra persona.
En nuestro país se habla de “violencia doméstica”, aunque también se produce fuera del espacio doméstico, para referirse a las situaciones de abuso que se apoyan en la existencia de vínculos afectivos.
La violencia doméstica es un fenómeno histórico y abarca a todas las culturas y clases sociales. A medida que en una sociedad los episodios de esta naturaleza se van haciendo públicos comienzan a considerarse en forma generalizada como problema posible de ser tratado. Hoy en la gran mayoría de los países del mundo la Violencia Doméstica es considerada un asunto de Derechos Humanos.
Un avance fundamental para nuestro país en materia de legislación, ha sido la incorporación del delito de Violencia Domestica a nuestro código penal (1995) y la aprobación de la Ley de Violencia Domestica (2002).
Mucho se ha hecho y se continúa trabajando sobre el tema, son numerosas las organizaciones estatales y no gubernamentales que se dedican a dar apoyo y orientación a personas víctimas de violencia doméstica. Pero aún persiste el miedo, el prejuicio, el desinterés, apoyado en argumentos muchas veces machistas otras
simplemente ignorantes de la situación. “Algo habrá hecho” “A mí no me va a pasar” “Cada casa es un mundo” “Para qué te metes si después lo perdona” “Cada uno cría a sus hijos como quiere” entre muchas otras.
El ámbito doméstico –como lo hemos definido más arriba- debe ser un ámbito de protección para el sano desarrollo y desenvolvimiento de la vida; por ningún motivo una persona debe ser violentada y menos por quienes más deberían protegerla. No es un asunto de parejas, ni de familias puntuales; sino de todos. Cuanto más hagamos visibles estas situaciones que nos bombardean en la televisión como si fueran de otros, las haremos propias otorgando protección a las personas que las sufren y herramientas para defenderse.
No podemos seguir escuchando enunciados como “Qué disparate, quién iba a imaginar que en esa casa pasaban esas cosas”.
Que no tenga que ser noticia para que nos enteremos
Sabrina Speranza