EL RECEPTOR

EL RECEPTOR

lunes, 30 de junio de 2008

viernes, 13 de junio de 2008

Seamos Animales

Sobre El receptor…palabras de la escritora

De juez a escritora…………
Miedo, ira.
Dos caras de una misma moneda.
¿Y después?
Tristeza, una profunda e infecunda tristeza.
Estas historias más que historias son vida. Apenas un escritorio o una vieja mesa de madera me separaba de ellos.
Durante años los escuché y también los 'juzgué'.
Entonces creí que era mi trabajo. Mi vocación.
Con el tiempo y la distancia esos rostros se hicieron carne en mí.
Tuve miedo. Exploté en ira. La tristeza caló hondo en mis huesos.
Salieron palabras, imágenes. Se aferraron al papel y se convirtieron en cuentos.
Ahora vuelven a recobrar vida. Más allá de un lector en solitario. Entran en la piel de estos jóvenes actores y se convierten en instrumento de cambio y aprendizaje.
Muchas y muchos: victimas, victimarios, parte y arte de estas historias se verán identificados.
Se abre una nueva etapa. El miedo y la ira vuelven. La tristeza desaparece. Y es hora de hacer algo.
Todos y cada uno. De nuestro lugar. Testigos. Anónimos o no. Autoridades. Organizaciones.
Simplemente seres humanos. Tenemos que hacer algo. Es hora. Debemos escuchar. Revivir estas historias. Sin juzgar.
Dar luz a quienes viven a diario en esta terrible oscuridad.


Virginia Arturo

El trabajo hacia El receptor

Puntapié inicial de esta obra, son los cuentos de Virginia Arturo. Cuentos llenos de realidad. Realidad que se nos aparece lamentablemente todos los días en la tarde cuando llegamos a casa, prendemos la tele y escuchamos una tras otra las noticias del informativo.
El que estamos haciendo es un trabajo en equipo, partimos de esas realidades, para ir dándoles vida a través de los ensayos, la escritora, ahora dramaturga capta las situaciones que se van dando para transformarlas en diálogo. Nosotros directora y actores, nos desnudamos, dejamos fluir nuestros sentimientos, prestamos nuestro cuerpo para que esas historias de tanta verdad por fin se puedan contar. El trabajo no es fácil y muchas veces nos enfrentamos al vacío de las situaciones, es difícil dejar vivir en nosotros esas realidades tan fuertes e incomprensibles.
El receptor no es un rezongo, ni una clase de cómo hacer a las cosas.
El receptor es juntar fuerzas y mostrar que hay otras vidas además de la nuestra y que siempre todo tiene un porqué.
No podemos cerrar los ojos, tenemos que abrirlos para que esto nunca más vuelva a pasar.
Ximena Echevarría

Por qué estos cuentos, estas historias

Esta obra en un comienzo quiso llamarse “Cada nueve días”, cada nueve días muere en Uruguay una mujer víctima de violencia doméstica, lamentablemente es un enunciado muy escuchado, aunque contradictoriamente no lo suficiente.
Si nos preguntamos todos conocemos por lo menos un caso en que una persona, generalmente mujer –no siempre- sufre violencia doméstica; a qué nos referimos con este término.
El concepto de violencia doméstica refiere a los actos cometidos por una persona, en el espacio donde se desarrollan relaciones afectivas, que a nivel físico, sexual, psicológico o relacional, son realizados para ejercer poder, control y autoridad sobre otra persona.
En nuestro país se habla de “violencia doméstica”, aunque también se produce fuera del espacio doméstico, para referirse a las situaciones de abuso que se apoyan en la existencia de vínculos afectivos.
La violencia doméstica es un fenómeno histórico y abarca a todas las culturas y clases sociales. A medida que en una sociedad los episodios de esta naturaleza se van haciendo públicos comienzan a considerarse en forma generalizada como problema posible de ser tratado. Hoy en la gran mayoría de los países del mundo la Violencia Doméstica es considerada un asunto de Derechos Humanos.
Un avance fundamental para nuestro país en materia de legislación, ha sido la incorporación del delito de Violencia Domestica a nuestro código penal (1995) y la aprobación de la Ley de Violencia Domestica (2002).





Mucho se ha hecho y se continúa trabajando sobre el tema, son numerosas las organizaciones estatales y no gubernamentales que se dedican a dar apoyo y orientación a personas víctimas de violencia doméstica. Pero aún persiste el miedo, el prejuicio, el desinterés, apoyado en argumentos muchas veces machistas otras
simplemente ignorantes de la situación. “Algo habrá hecho” “A mí no me va a pasar” “Cada casa es un mundo” “Para qué te metes si después lo perdona” “Cada uno cría a sus hijos como quiere” entre muchas otras.
El ámbito doméstico –como lo hemos definido más arriba- debe ser un ámbito de protección para el sano desarrollo y desenvolvimiento de la vida; por ningún motivo una persona debe ser violentada y menos por quienes más deberían protegerla. No es un asunto de parejas, ni de familias puntuales; sino de todos. Cuanto más hagamos visibles estas situaciones que nos bombardean en la televisión como si fueran de otros, las haremos propias otorgando protección a las personas que las sufren y herramientas para defenderse.
No podemos seguir escuchando enunciados como “Qué disparate, quién iba a imaginar que en esa casa pasaban esas cosas”.
Que no tenga que ser noticia para que nos enteremos


Sabrina Speranza